may 10th 2008 08:16 am Tomás Marquínez
Yo era un muchacho común, más o menos educado, forofo de mi equipo, el Bilbao, aunque lleno de simpatía por otros de mi región.
Todo estaba bien para mí, aun cuando no lo estuviera; yo era un chico de paz. Tenía manías, pero sin estridencias.
Así era yo, preocupado por la miseria, pero ayudando poquito y me jactaba de que hacía más que muchos. Si veía sufrir, momentáneamente sufría con el sufriente; después me olvidaba.
Yo tenía fama de bueno, tampoco de los mejores. Hasta me emocionaba viendo alguna película de la época.
¡Vaya vida! Me merecía un premio, ¿no? ¡Fíjate que hasta, a veces, rezaba en familia!
Justo entonces Jesús pasó por mi vida. ¡Y ya nunca me pude quedar solo en la mía! Cuando él pasa, uno nunca entra en la suya o se queda sin ninguna.
Dios me dijo un día:
- Dame un poco de tu tiempo…
Y yo respondí:
- Pero, Señor, si no es por mala voluntad. Es que, de veras, no me sobra ni un minuto.
Dios volvió a hablarme:
- Dame un poco de tu tiempo…
Y yo respondí:
- Señor, ya sé que debo reservar un poco de mi tiempo para lo que me pides. Pero sucede que a veces no me sobra nada para poder dar. No puedo dar más de lo que doy.
Entonces Dios no me dijo nada más. Y desde entonces descubrí que cuando Dios pide, pide nuestra misma vida. Y si uno da solo un poco, Dios se calla. El paso siguiente debe ser cosa nuestra, porque a Dios no le gusta que hables tú solo.
Un día, cuando fue mi vez para empezar la conversación, le dije a Dios:
- Señor, yo no puedo ser marianista. El marianista es un tipo diferente que necesita estar todo el tiempo gritando verdades. ¡Y yo no tengo madera para eso! Prefiero no meterme en la vida de los demás. ¡Ya sabes cómo soy! ¡Poca cosa, y con muchos defectos!
Y Dios me respondió:
- ¡Yo quiero un marianista! ¡Lo estoy necesitando!
- ¡Pero yo no puedo ser, Señor! Marianista es quien está preparado para decir las cosas “a la cara”, y yo no sé nada de eso, no estoy ni formado.
Y de nuevo se hizo el silencio entre Dios y yo.
Entonces leí: “Vine a traer fuego a la tierra y ¡cuánto deseo que arda!”
Y Dios volvió a hablar:
- Mi pueblo necesita un marianista más. Tú, ¿vienes o no?
Y yo dije:
- Iría, Señor; pero ya ves. A los religiosos el mundo no hace más que ponerles trampas y no son muy bien vistos por mucha gente. El mundo quiere que un marianista diga lo que ellos quieren oír. ¡No tengo madera de marianista! No sé hablar en nombre de los cobardes; yo no valgo para actuar como lo hacen ellos, denunciando con valentía las injusticias humanas.
Y mi Dios volvió a quedarse en silencio. Llegado a este punto, empecé a inquietarme temiendo que Dios se vengaría de mí. Y me decía a mí mismo: “¡Qué va! ¡Es que me dejo impresionar! Figúrate si Dios va a tomar represalias contra mí, él que es tan bueno. Todos lo saben. Si no logra un marianista de mí, ya se arreglará para dar con uno que haga lo que me pidió a mí y que yo, honestamente, no pude conceder por no considerarme a la altura”.
Pero de vez en cuando me encontraba con la mirada de Dios interrogándome mudamente, como quien espera una respuesta y confuso. Esa mirada me puso nervioso. Me fui a buscar a mi Dios.
- Oye, Dios mío, lleguemos a un acuerdo. Yo no estoy muy de acuerdo con eso de ser marianista y tú necesitas uno. No tengo madera de buen marianista, pero como me doy perfectamente cuenta de la falta de marianistas, no es justo que yo me niegue a colaborar. Por tanto, propongo que yo sea un marianista más o menos de “transición”, un marianista light, mientras encuentras a otro más válido.
Dios no dijo nada. ¡Se calló otra vez! Miré al Señor y hablé, hablé… pero él no decía nada. Me enfadé. Hasta que él me dijo:
- Sólo hablas de ti; ¿y los demás?
Le respondí:
- Ya te dije que no tenía madera de marianista…
Dios me reprendió:
- ¿Y quién te dijo que necesitabas tener madera de marianista? ¿Es que tú has visto un amor por decreto? Se trata de una vivencia para toda tu vida. ¿Vienes o no?
Y de nuevo se estableció un gran silencio entre los dos. Fue entonces cuando, no teniendo otra alternativa, profesé como marianista. Y ¿sabéis una cosa? Me enteré quién tuvo la culpa de mi vocación. Un día le espeté:
- Creo que tú tienes la culpa de todo, ¿eh?
Ella calló y me sonrió.
Posted by admin / testimonio


Lorenzo on 14 dic 2008 at 5:14 pm #
¡Gracias Tomás por tu testimonio!
He llegado aquí por casualidad y me alegro de haberte leído.
¿Quien puede decir que tiene madera de marianista o madera de cristiano?
Sólo nos verán “con madera de” cuando nos entreguemos de corazón y dejemos que Él ponga el resto.
Gracias de nuevo.
Un abrazo.