Feb 18th 2008 Lorenzo Amigo
Hola a todos.
En octubre se cumplen 50 años de mi ida al Postulantado Misionero Marianista de Segovia. No me es difícil visualizar aquel muchacho de 12 años que dejó a su padre y a su hermano y hermana para irse a un internado a 300 kilómetros con la idea de ser marianista. Entonces yo no tenía ni idea de quiénes eran los marianistas ni sabía tampoco qué era un religioso.
Cuando en febrero habían venido el difunto D. Angel Chomón y el P. Feliciano Ruiz a ver al cura de mi pueblo, yo era el monaguillo. En alguna hoja de propaganda que me dejaron se decía que los marianistas se dedicaban a la enseñanza y que había tres maneras de realizar la vocación: sacerdote, profesor, hermano obrero.
Yo no tenía ninguna gana de ser sacerdote. Mis prejuicios venían sobre todo de mi padre que consideraba la religión como un engaño y a los curas como sus representantes. Todavía hay cosas en mi vocación que no comprendo, como tampoco comprendo cómo mi santa madre se casó con mi padre y vivieron tan felices. Mi madre había muerto tres años antes y tanto mi maestro como la maestra de mi hermana estaban preocupados por mi futuro religioso.
Doña Carmen, la maestra, me insistió en que tenía que ser el monaguillo del cura. Mi padre no se opuso. Así empezaron tres años de acercamiento a su persona. Dejó de parecerme un ser extraño, pero nunca me atrajo la idea de ser cura. Cuando los marianistas me dijeron que se podía ser profesor, yo vi los cielos abiertos. Yo tenía una inmensa sed de saber y de enseñar. Tenía también un gran amor de huérfano a la persona de María. No cabe duda que Ella ha pesado siempre mucho en mi vocación.
Más tarde iría descubriendo mi vocación sacerdotal dentro de la vida marianista.
Lo que todavía no comprendo es cómo un niño de 12 años pudo tomar solo una decisión, que iba a marcar toda su vida. Don Angel y el P. Feliciano hablaron conmigo, no con mi padre. Sigo sin comprender cómo mi padre no se opuso sino que me dijo siempre: Haz lo que tú quieras. Ni te mando ni te quito. Siempre me repetiría: Si eres feliz ahí, allá tú.
Gracias a Dios he sido siempre muy feliz en la vida marianista empezada hace 50 años. Los marianistas me han dado todo lo que soy y lo que he hecho. Fui profesor en Ciudad Real los años 1967- 1970. Estuve de profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca los años 1980 a 1990. Al mismo tiempo acompañaba a los jóvenes religiosos que estudiaban allí. De 1990 a 1998 me tocó ser Provincial, lo que me permitió conocer la vida profunda de tantos marianistas y ver que un mismo espíritu nos está animando a todos. Ahora llevo ya 10 años en Roma acompañando a nuestros seminaristas de todo el mundo. Ahora sí que estoy descubriendo las dimensiones universales y misioneras del carisma marianista.
E-mail
Homilía dominical: Leer - Suscribirse
No Comments » Posted by admin / testimonio







